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Ejemplos de anticlímax en la literatura, el cine y la vida.

El anticlímax se define como la situación que sigue a la consecución del logro propuesto. La tensión se ha esfumado y retorna la calma. En su sentido más negativo, también se produce una situación anticlimática cuando no se consigue el objetivo planeado, no ocurre aquello que debía suceder y además el tiempo de la oportunidad ha pasado y no se repetirá. Hay un tercer caso de momento anticlimático que se produce cuando lo esperado no cumple las expectativas previstas.

En dramaturgia, el anticlímax se considera un error, especialmente en el terreno del guión cinematográfico: la resolución de la acción ya se ha producido y sin embargo el final de la cinta se prolonga innecesariamente (Pablo Alvort, La artesanía del guión, Editorial Frontera Films).

Sin embargo, en el Diccionario de creación cinematográfica (Antonio Sánchez-Escalonilla, coordinador, Ariel Cine), podemos leer que el anticlímax es un falso clímax que revierte de nuevo el curso de la acción. Según esta definición, el anticlímax cabe interpretarse como un revés final de la trama: el asesino muerto en realidad está vivo (Carrie, Brian De Palma, 1972), o los aliens exterminados no lo están definitivamente. Este tipo de anticlímax supone la semilla perfecta para la aparición de suculentas secuelas (Alien, Ridley Scott, 1979).

Aunque parece ser un término con diversas interpretaciones, el anticlímax es un fenómeno literario, cinematográfico y vital constante e indispensable. Veamos varios ejemplos de momentos anticlimáticos en la literatura, en el cine y en la vida.

El anticlímax en la literatura

La novela es el lugar natural para que el anticlímax pueda lucirse a la perfección. El lector recibe desde el comienzo de la obra que está leyendo unos anticipos (preguntas, pistas, incógnitas y desafíos) que se irán pagando a lo largo de las páginas. Si los anticipos quedan sin pagar, el lector se siente defraudado. También el lector espera, subiendo escalón a escalón la escalera de tensión que debe llevarle a la cima o clímax, que la situación se resuelva de alguna manera. Para ello deberá, junto a los protagonistas de la novela que tiene entre manos, superar obstáculos y reveses, sin perder nunca el norte de su objetivo.

En La ciudad y la ciudad, de China Miéville ocurre un fenómeno llamativo. En mi opinión, esta excelente novela de un género a caballo entre la ciencia ficción y la literatura Weird, tiene un fallo tan acentuado que me pregunto si no es deliberado. Por descontado, China Miéville puede hacer lo que se proponga en el terreno de la literatura, por eso la situación anticlimática que se produce (atención, spoiler) cuando se descubre que no existe la ciudad de Orciny es impresionante. Creo que hacía tiempo que no sentía un bajón tan tremendo al finalizar la lectura de una novela. En cierto sentido, el efecto es tan acusado que casi parece un nuevo elemento narrativo creado por el propio autor. Si algún día me encuentro face to face con China Miéville,  además de decirle que me chifla su nombre, tengo que preguntarle cómo ha decidido denominar a ese tipo de anticlímax que te vacía totalmente de sangre las venas.

El anticlímax en el cine

 En el cine, en ocasiones el anticlímax se identifica con la nueva situación que se ha logrado alcanzar gracias al coraje y empeño de los personajes (Un lugar llamado milagro, Robert Redford, 1988). Milagro es un pueblecito de Nuevo México en el que sus habitantes se unen contra una potente empresa urbanizadora que pretende construir en sus tierras un complejo recreativo.

En otras ocasiones, el anticlímax significa la vuelta a la situación inicial que se había visto alterada por la llegada de nuevos personajes o circunstancias (Ghostbusters, Ivan Reitman, 1984).

El objetivo que dará lugar al clímax define a la película en sí y le da todo su sentido:  Volver a casa (E.T., El extraterrestre, Steven Spielberg, 1982), retirar a la chica de la vida de la calle (Irma La Dulce, Billy Wilder, 1969), liberar a la humanidad de su esclavitud como pilas eléctricas engañadas por las máquinas (Matrix, Hermanas Wachowski, 1999).

Y, después, ¿qué?

En todo caso, lo que suele ser insoportable en un anticlímax es que sea demasiado largo. Hemos sufrido con los protagonistas atravesando desiertos, superando enfermedades y heridas, vencido a los alienígenas invasores, ganado o perdido una revuelta social y ahora queremos descansar. Y eso nos lo ofrece el anticlímax: una nueva (o anterior) situación de calma que no debe exceder los cinco minutos. Transcurrido ese tiempo, el espectador recuerda su reserva en el restaurante, su coche mal aparcado o aquella llamada que debe realizar.

Y como ejemplo de lo contrario, una nueva situación demasiado breve, tenemos el final de El show de Truman (Peter Weir, 1998). La revelación que experimenta el protagonista es tan profunda (¡en inglés se suele emplear el fascinante término epifanía!), que deseamos conocer lo él que va a hacer a continuación. Sin embargo, solamente conseguimos saber que Truman abandona la ciudad artificial de Seahaven y se marcha a comenzar una verdadera vida.

El anticlímax en la vida

¿Ocurre algo parecido en la vida real? La propia vida es trágicamente anticlimática: la oposición que no se aprueba, el bebé que no llega, el trabajo que no resulta lo que se esperaba de él, una amistad que nos decepciona o aquella amiga que muere joven tras luchar denodadamente contra la enfermedad.

Pero también el anticlímax en la vida real puede tener una carga más ligera: la cita que no aparece, el double check de WhatsApp por el que pasan las horas indicando que tu mensaje ha sido leído e ignorado, el merecido ascenso en el trabajo que se lleva Martínez…

En cualquiera de los casos, la decepción está asegurada y parece obvio que el problema lo constituye la espera, el hacerse unas expectativas condenadas siempre al fracaso (por el mero hecho de que no podemos ver el futuro).

Para evitar molestos anticlímax, he tomado la decisión de buscar los pagos de los anticipos en la literatura y en el cine, y dejar que la vida transcurra a su aire. Y es que ya decía el bueno de John Lennon que la vida es aquello que sucede mientras tú estás ocupado haciendo otros planes.

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