artículos

Kill your darlings, baby.

Kill your darlings

“Kill your darlings, kill your darlings, even when it breaks your egocentric little scribbler’s heart, kill your darlings.”

 

Esta conocida expresión del escritor Stephen King (It, La cosa, El resplandor, Carrie, Misery y muchos más libros top seller) es simplemente un buen consejo para el guionista principiante. No se trata de que uno vaya por ahí liquidando a sus seres queridos (tal y como interpreta la cita la película del mismo nombre, Kill your darlings, dirigida por John Krokidas en 2014).

Cuando en el terreno del guión se aconseja al escritor kill your darlings se refiere a que en la reescritura del guión en el que está trabajando, debe deshacerse de sus ideas e imágenes más queridas porque no encajan en él. ¿Tienes una idea desde el mismo germen de una película o cortometraje? No le tomes mucho cariño, pues probablemente la película crecerá en todas las dimensiones y tu idea no será más que un pegote que eliminar.

En ocasiones, una película larga y compleja se construye enteramente en torno a una pequeña escena, a una idea en la mente del guionista o director que va creciendo a su alrededor, de dentro hacia fuera. En una ocasión dijo Berlanga que su película El verdugo (1963) gira en torno a la terrible imagen de un preso que camina hacia su ejecución, sostenido por dos guardias civiles que tratan de impedir su desmayo. Y tras ellos camina el protagonista, verdugo por imposición de la vida, quien es a su vez sostenido para evitar su desvanecimiento. Esta escena genial y terrible es lo que me gusta llamar el corazón de una película.

El corazón de una película es su insignia, su sentido y su razón de ser, y transmite el tema de la misma, pudiendo resumirlo en apenas unos segundos (La vida es bella: la felicidad del hijo es la felicidad del padre; E.T. El extraterrestre: la amistad es el mayor bien). Tal escena suele ser una darling  superviviente, y por ello, una buena idea sin fisuras.

Otra película con una escena-corazón espectacular es La guerra de los mundos en su versión de 2005, dirigida por Steven Spielberg  y protagonizada por Tom Cruise y Dakota Fanning. Junto a la vía del tren, el protagonista y sus hijos esperan el tren que puede salvarles de la invasión alienígena que está masacrando a la humanidad. Ya se acerca pero parece que no va a detenerse: la razón es que el tren está incendiado, con los pasajeros muertos en su interior y nadie al mando. La desesperanza azota a los protagonistas y a los espectadores.

Ambas imágenes, la del verdugo atravesando el patio de la cárcel o la del tren incendiado, probablemente han resistido todos los tijeretazos que un guión recibe a lo largo de su andadura hasta conseguir tornarse celuloide o píxel. Pero la mayoría de las amadas ideas, muere por el camino. Y como resultado tenemos a un escritor o escritora con el corazón roto y un guión notablemente mejorado.

¿Por qué mi adorada idea no funciona?

En un buen guión cada elemento debe ser pertinente y realizar la función que se espera de él. No puede haber elementos redundantes o ideas-florero. Pensemos en ese momento en que un elemento de una película “nos saca” de la misma: si sentados en la sala de cine pensamos en algo distinto de la propia película (una actuación que no es creíble, el doblaje nos parece ridículo, la música es inapropiada, un personaje que aparece de la nada, una trama inverosímil, etc.), es que la película ha fallado en su esfuerzo mágico de suspender la credibilidad del espectador. Levantas una ceja y con ese simple gesto cuestionas una producción de millones de dólares o euros. Tratemos de no levantar cejas, matemos a nuestras queridas.

Una película es un todo milagroso. De hecho, es bastante habitual que unos trozos no casen con otros, por no hablar ya de los (cada vez más admitidos) fallos de raccord, de los que hablaré en otra ocasión. Dado que una historia raramente se piensa de un tirón, las partes se van uniendo a posteriori, con las desventajas que ello supone. Después vienen los tijeretazos desde la dirección, producción y todo aquello que se cae en el montaje.

En algún caso, un guión ha tenido más de veinte versiones antes de su estreno en la gran pantalla. ¿No es asombroso que después de todo:

a) la película tenga sentido,

b) que pueda incluso ser una buena película?

Es la magia del cine entregándose a fondo.

En una ocasión, asistí a una charla de Antonio Onetti, guionista, entre muchas otras cintas, de la película El Lobo, que se basa en el caso real de un policía infiltrado en la banda terrorista ETA. El guión fue objeto de tantas revisiones y modificaciones que, finalmente y pese a ser una buena película, contiene algún ridículo error. Por dos veces el protagonista (Eduardo Noriega) pregunta qué hay de cena y se le responde, dos veces, “marmitako”. Parece un poco absurdo, por mucho que uno viva en el País Vasco, que todas las noches cene ese preciado guiso de pescado. Preguntado por ello, Antonio Onetti admitió que cuando los guiones se retocan en exceso, los marmitakos se multiplican.

Aquí cabría preguntarse cómo puede tener cabida el error cuando tantas personas están observando el proceso de realización de una película. Sucede a menudo que el equipo es consciente del fallo pero se halla en un punto de no retorno: ya no se puede hacer nada. El escenario ya no existe, los actores se han marchado a trabajar en otras producciones, el equipo de rodaje se ha desplazado a otra ciudad, y la escena no puede caerse en el montaje porque el resultado perdería todo su sentido. Demasiado tarde, el error se queda para siempre y no hay más remedio que comérselo. Por ello, es preferible siempre matar a las queridas y los queridos en cuanto se aprecie su inoportunidad.

La primera película de un director, y su segunda parte, y tercera…

El caso de Matrix

Esta producción de 1999 de las Hermanas Wachowski es una de mis películas favoritas. No voy a hacer aquí una oda a esta rompedora película, pues seguramente no aportaría nada que no se haya dicho antes. La cito aquí como ejemplo de la primera película de un director (aunque no es realmente la primera, pero sí su primer y atronador éxito).

Si comparamos la Matrix de 1999 con sus dos secuelas, estas dos últimas palidecen en todos los sentidos. La segunda (The Matrix Reloaded) se convierte en un galimatías donde el aspecto religioso y fanático aparece de la nada y se apropia de la historia, resultando a la postre un absoluto non sequitur de la primera. Y respecto a la tercera (The Matrix Revolutions), es simplemente una simplona película bélica disfrazada de ciencia ficción.

¿Cómo puede ocurrir este declive? La primera , Matrix, fue un sueño acariciado durante años por sus directoras y guionistas y es como ese cocido de mamá donde no falta ni sobra nada porque cada uno de sus ingredientes ha sido pensado, analizado, y modificado para que las piezas encajen perfectamente. En las secuelas, las directoras cocinaron un guisote aguado a toda prisa: taquilla obliga. Ni siquiera había darlings en peligro de muerte.

Kill your darlings, también en tu vida

La vida está llena de darlings: hazte un favor y mátalos. Las buenas formas, la corrección social, las deudas reales o imaginadas, nos llevan a conservar darlings que estorban o hacen pupa, o que no casan con el resto de nuestra vida, como en un mal guión.

Esa amistad o familiar que durante tanto tiempo te fascinaba y has comprendido que solo te daña. Ese sueño que apunta a un objetivo erróneo, y que carece de un Plan B. Esa persona tóxica tan, tan cercana. En realidad son zombies a la espera de que te deshagas de ellos y ya están un poco muertos. ¿Quieres una novia muerta? ¿un amigo zombie? ¿un jefe con aroma a cementerio? ¿un primo agusanado?

Kill your darlings, baby. Y hazlo cuanto antes porque entonces el guión de tu vida se convertirá en una fucking masterpiece.

Por cierto y para terminar, he aquí un zombie literario de mi propia factura: Comienzo de una novela que quizá nunca escribiré.

 

 

Comparte:

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *