Ficción

Lista de cosas MUY excitantes #historiasconorgullo

Una gota de sudor que se detiene en la ceja ancha y oscura.

Después de revolver con precisión de cirujano la habitación de mi hijo Óscar, logré encontrar su DNI. De merecido viaje con sus compañeros de clase tras superar la selectividad, había olvidado llevárselo, por suerte para mí. Ahora tocaba salir corriendo al banco y realizar las gestiones necesarias para pagar la residencia de estudiantes. Le voy a echar de menos. Mataría por mi hijo Óscar, siempre lo digo.

La mano que indolentemente me ha rozado el flanco (con una fuerza que, de tan débil, casi me tumba).

También encontré una lista. El documento de identidad estaba en el cajón más recóndito de su armario y, junto a él, un folio partido a lo largo y escrito de su puño y letra. Llevaba el curioso título de Lista de cosas MUY excitantes. MUY. Cogí el papel furtivamente, apenas con la punta de los dedos. Porque me divirtió el título y, a qué negarlo, me sedujo la tentación de leerlo. Guardé el papel en mi bolso y lo fui leyendo de camino al banco.

Pecas en la nuca. La ropa que apenas puede contener la carne.

Doce de julio a las doce, y el autobús que no llegaba. Imaginaba la cola del banco larga como día sin pan y entonces volvía a la lista de Óscar, para descubrir esa faceta de mi hijo, pequeño de cuatro hermanos, que del todo ignoraba. Resulta que mi Óscar no es un ángel sin sexo, resulta que Óscar siente el deseo, como todos.

Unos ojos negros que todos los días pasaban de largo, pero un día inesperado no lo hicieron y me asaetearon de arriba-abajo, provocando una fatal deflagración que dura más de un año.

No hay mucha gente en la cola. Cuando termine este trámite, daré el número de la cuenta corriente a la residencia de estudiantes. A Óscar le va a ir bien, claro que sí. Cómo voy a echarle de menos, se me hace un nudo en el estómago.

Los hombres con nombre de mujer: Rosario, Elvira, Concepción. Sostener la mirada, un minuto eterno.

Ya me toca, saco el DNI de mi bolso y antes de entregarlo miro la fotografía de Óscar: pelo revuelto, ojos de soñador, dientes demasiado grandes, pero que a mí me gustan. Mataría por ellos, si alguien quisiera hacerle daño a Óscar.

Barba de meses. Sonrisas cómplices, encuentros imposibles. Conversaciones intelectuales a media noche, frases ingeniosas, más complicidad, la perfección de la distancia: inodora, insabora e insípida, pero con un fondo de sabor a ginebra sola.

Una firma y, ¿ya está todo? Voy a volver en taxi, me asfixio con este aire del desierto. Aprovecho para terminar de leer la lista, apenas quedan unos cuantos ítems.

Y lo más excitante del mundo: Juan. A mi lado, sentado, de pie, tumbado, de mi mano con orgullo. La sonrisa de Juan.

Yo en los labios de Juan. Juan en mis labios.

Y Juan dentro de mí.

Guardé de nuevo la lista en mi bolso, cuidando de no hacerle ningún doblez ni marca y respiré hondo. Me ardían las mejillas y estaba confusa, el último ítem de la lista bailaba frenéticamente en mi pantalla mental.

Bajé del autobús y sin importarme la canícula de las dos de la tarde, escribí un WhatsApp a Óscar:

Resuelto el tema de la residencia de estudiantes. Juan es bienvenido. MUY.

#historiasconorgullo

 

Comparte:

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *