TEMPUS FUGIT

El aparente defecto de mi memoria fue mostrándose como algo real. Yo no tenía alopecia ni barriga todavía, pero todos ellos sí. Caminaba por la pequeña ciudad en la que crecí y a la que no había retornado en veinte años, y al cruzarme con esas caras conocidas, ahora tan arrugadas y canosas, me estremecí…

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