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¿Te apetece un flashback?

Eternity Now

El flashback, ese viejo conocido

Una música de arpa, un primer plano del actor o actriz que se difumina en forma de espiral y ¡hop!, ya estamos en el pasado. Si no de esa forma tan estereotipada, el recurso al flashback sigue en vigor en el cine actual. Por el lado positivo, el flashback tiene la capacidad, aunque parezca una contradicción, de hacer avanzar la trama al sugerir nuevas claves o soluciones. Pero por el lado negativo, es un recurso del que no conviene abusar porque detiene el curso de la acción presente. Por ello debe ser breve (flash) y oportuno.

La función del flashback o analepsis consiste en hablar al espectador desde otra línea temporal distinta a la que funciona como presente en la narración. Y puede servir para resolver un misterio, encontrar la clave del nudo actual o conocer con mayor profundidad a un personaje.

El flashback puede ser impersonal (la acción se traslada al pasado) o subjetivo, si es el propio personaje quien rememora un hecho a través de un recuerdo, de un sueño o de un delirio.

Recuerda

En Gru, mi villano favorito 2 (dirigida por Pierre Coffin, Chris Renaud en 2013), gracias a un flashback subjetivo comprendemos el temor del protagonista hacia las mujeres. Gru recuerda cómo en el patio de su colegio se acercó a una chica de la que estaba enamorado y cuando la tocó todos chillaron y se rieron de él. Los guionistas emplean aquí el flashback para explicar por qué Gru rehuye cualquier encuentro amoroso.

Diferencia entre flashback y racconto

Habitualmente, el flashback significa un regreso puntual al pasado, que complementa a la historia presente de la película: nos explica unos hechos que justifican el nudo presente, nos da pistas sobre el comportamiento de un personaje o nos retrotrae a algún comienzo (mi primer día en el colegio, cuando éramos novios, el primer día en el trabajo, la primera vez que te vi).

Sin embargo, el racconto supone un retroceso de la historia a algún punto en el tiempo desde el cual se empiezan a narrar los hechos objeto de la novela o guión, hasta llegar al presente.

El racconto y el flashback en la literatura

La analepsis, el racconto y también los flash-forward o prolepsis son mucho más frecuentes en en el cine y la televisión que en la literatura. Aún, así, podemos encontrar algunos ejemplos emblemáticos del uso de estos recursos.

Uno de los raccontos más conocidos y memorables es el que da comienzo a Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Como es sabido, la novela comienza con un recuerdo del Coronel Aureliano Buendía:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Y el recuerdo de esa tarde remota constituye el arranque de esta maravillosa novela que durante cinco años de mi adolescencia leí cada verano.

Como si la novela actual se hubiese contagiado del cine, el flashback comienza a ser recurrente en numerosas obras literarias. Resulta abundante en las obras de Kate Morton, como por ejemplo en Las horas distantes. La larga trama se resuelve finalmente con un flashback crucial que explica cada uno de los interrogantes planteados con anterioridad. El problema del abuso de este método (acrecentar una trama página a página y resolverla de una sola vez con un flashback o recuerdo) consigue el pernicioso efecto de que todas las novelas que lo emplean nos parecen iguales.

Flashbacks memorables

Casablanca (Michael Curtiz, 1942): “Siempre nos quedará París”, “Tócala otra vez Sam”, “Éste puede ser el inicio de una gran amistad”… En esta emblemática cinta se halla uno de los más polémicos flashback de la historia del cine, con partidarios y detractores. Un extenso flashback retrotrae al espectador al París anterior a la invasión nazi, cuando Ilsa Lund y Rick Blaine se conocieron. Tiempos de felicidad en la ciudad del amor que sirven para explicar la tortura que los amantes sufren al reencontrarse en Casablanca y tener que decidir su futuro, juntos o por separado. La lealtad, la fuerza de una causa y el miedo condicionan el final de la historia.

Tanto en La escalera de Jacob, de Adrian Lyne (1990), como en Tránsito (Marc Forster, 2005) y Lulú on the bridge (Paul Auster, 1998), el flashback juega un papel muy especial.

En la primera de ellas, el título hace referencia directa a la escalera que se le aparece a Jacob en un sueño para mostrarle el camino por el que los ángeles iban y venían del cielo. El protagonista, Jacob Singer (Tim Robbins) vive una desdoblada y muy confusa vida tras volver de la Guerra de Vietnam. Tan extraña es su existencia que tiene dos vidas paralelas con dos familias distintas. Ahí lo dejo, porque si habitualmente es un crimen hacer spoiler, no existe nombre aún para la infamia de revelar el final de esta ma-gis-tral y desasosegante cinta, para mí una de las mejores películas que he visto en  mi vida.

En Tránsito (Stay, en inglés), el fenómeno está enriquecido por las voces que oye el protagonista a su alrededor. Son las voces de aquellos que están tratando de revivirle. El bucle que cierra esta película es simplemente perfecto.

Y en Lulú on the bridge, el gran Harvey Keitel interpreta a un saxofonista herido en un tiroteo y que experimenta un descenso a los infiernos de la depresión, pero un día encuentra un misterioso objeto…

Escrita y dirigida por el escritor neoyorkino Paul Auster, Lulú on the bridge es una joya imperdible, donde la lírica y el amor crean una obra tan irreal como espectacular. Personalmente, debo decir que esta película me agarró de las tripas y ya nunca me soltó.

ATENCIÓN, SPOILER GRAVÍSIMO: En las tres películas el espectador no está asistiendo al presente de la historia, pero no lo sabe. Casi al final de la película, se revela que durante toda la cinta ha estado contemplando los procesos mentales (esto es delirios, recuerdos y deseos entremezclados) de una persona que está muriendo.

El cine dentro del cine: Amanece que no es poco

Amanece que no es poco es la obra más conocida del director José Luis Cuerda. Con un elenco maravilloso compuesto por muchos de los mejores actores cómicos del panorama nacional, Cuerda rodó en 1988 una delicia cuyos numerosos parajes cómicos y surrealistas se recuerdan en cuanto que se juntan unos pocos aficionados al buen cine.

Al pueblo protagonista de la película, rodada en varios municipios de Albacete, han venido a vivir unos inmigrantes sudamericanos que unos días van en bicicleta y otros días huelen a ángel. Los cargos del pueblo (excepto el del alcalde, que es necesario mientras que los vecinos son contingentes) se sortean, en los huertos crecen hombres y calabazas a las que se les toma cariño, el sacristán da una patada a un monaguillo que está deprimido, y hay un escritor en la cárcel por plagiar a Faulkner (¡A quién se le ocurre, con la pasión que hay en ese pueblo por Faulkner!). Además, el alcalde ha traído para las fiestas a una guapa cantante, y los mozos del pueblo exigen que la muchacha sea comunal…

Y así otras decenas de historias entremezcladas en una cinta que no deja descanso a la risa y que es, sencillamente, una obra única y de culto. Y como quería (sin pretenderlo) ser una obra perfecta, Amanece que no es poco tiene un momento para la autoreferencialidad, el cine dentro del cine, es decir, el metacine:

Ahora, hagamos flashback mental


Reloj de flashback

¿A qué momento de tu vida regresarías? ¿A una adolescencia deprimente y oscura? ¿Al momento anterior de cargar con todas tus responsabilidades de adulto? ¿O a lo mejor estás en un momento de tu vida en el que matarías por un flash-forward para echar un vistazo a lo que el futuro te depara? Ése ya sería tema para otro artículo.

¿A qué momento de tu pasado te gustaría regresar?

Según la psicología, hay formas de resetearse uno mismo de modo que consigamos volver a sentirnos como en los mejores momentos de nuestra vida. Para ello, cada uno debe hacerse unas cuantas preguntas radicales. Son radicales porque pretenden llegar a la raíz del problema: ¿qué es lo que no funciona en tu vida? ¿Cómo puedes modificarlo?¿Quién eres en realidad?¿Es lo que eres lo que querías ser?

A lo largo del tiempo un buen número de etiquetas se han ido colocando sobre nosotros de modo que apenas podemos ver con claridad quiénes somos realmente. No importa mucho si estas etiquetas son autoimpuestas o colocadas por otros: lo que importa es si creemos en ellas y si creemos que venceremos los límites que ellas imponen: “Es demasiado difícil”, “si yo fuera más joven”, “eso es para otro tipo de gente”…

Si hacemos flashback hacia algún momento de nuestro pasado colmado de libertad, y rememoramos lo que sentíamos entonces, conseguiremos poner de nuevo ante nosotros ese objetivo de bienestar. Para ello, repite un mantra de tu elección (el mío, tomado de la sabiduría del pueblo cubano, es: si sucede, conviene), recuerda una y otra vez aquel momento mágico repleto de posibilidades (haz flashback hasta que te duelan las sienes). Por último, imagínate habiéndolo conseguido (flash-forward): cómo se sentirá tu yo de dentro de un mes, un año o cinco.

Y si nada de esto te funciona, ¡vete al cine!

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